“La Costa Rica de ayer fue mejor”

Costa Rica antigua

Es bastante conocida entre los amigos la afición que tengo por la Historia, tanto que no pondría un pie en una clase universitaria como para perderle el gusto (a veces lo que más se disfruta es lo espontáneo, cuando no tiene reglas).

Posiblemente el punto generalizado de mayor cercanía con el pasado está en las fotos. Sin embargo he visto como algunas personas tienden a idealizar las imágenes de ayer pensando que “en esos tiempos” todo mundo era feliz y es expresado con el basureo constante del presente.

Yo no lo creo. Si usted o yo hubiéramos nacido hace 100 años la vida no sería tan sonriente.

Al menos en mi caso -talvez en el suyo la situación sería  mejor- mi abuelo paterno y bisabuelo materno no fueron a la escuela mientras que mi abuelo materno fue alcalde de Orotina y tuvo una oficina de abogacía… pero hay duda si logró terminar la secundaria, era tinterillo en los años que pisar un aula universitaria era lujo reservadísimo para el más alto linaje, su ventaja fue que lo pudieron mandar a la escuela y de adolescente sabía escribir a máquina y le gustaba leer, por lo que ser secretario de un bufete le permitió una modesta movilidad social.

Entonces si yo hubiera nacido un siglo atrás posiblemente no habría ido ni siquiera a la escuela, no sabría leer ni escribir.

Algunos dirán que de todas formas así era el grueso de la población y que “no había materialismo” pero les respondo que no jodan, regalen sus varas y vivan del aire a ver cuánto aguantan.

En casa de mi bisabuelo la tasa de mortalidad infantil fue como del 50% y a la tía abuela que internaron en el Sanatorio Durán no la podían visitar, en parte por la cuarentena, pero también porque ir de Cebadilla de Turrúcares hasta Tierra Blanca en aquel tiempo era como cambiar de país.

Aunque reconozco el estigma de inseguridad en el Limón de hoy, el de ayer talvez no lo habríamos conocido nunca. Solo con mencionar que ahí hubo calle hasta como en los años setenta y si usted se animaba a ir era en tren y si tenía que volver de emergencia debía esperar al pitazo del tren al día siguiente, para iniciar la travesía, o jugársela en avión de papalote.

El Sarapiquí donde yo crecí ahora queda a 50 minutos de San José. Pero en mi infancia había tres rutas: tren (6-8 horas), bus (8-X horas) o avión (20 minutos pero el costo del boleto era un leñazo). La apertura de la Braulio Carrillo (a finales de los ochenta) cambió Río Frío para bien y fue hasta 1999 cuando el asfalto pasó frente a la casa.

En parte también extraño aquella tranquilidad del pueblo cuando los bajonazos, piques y asaltos no eran preocupación, pero eso no invisibiliza las oportunidades de estudiar en Guápiles o San José, de tener universidades en el mismo cantón, de que el viaje a la capital sea de un mismo día y no incluya la logística para quedarse en un hotel (barato) o coordinar el hospedaje con familiares, que ahora sí hay profesionales en el cantón (y del mismo cantón), Palí, super de chino y hasta pizzerías, varas que antes no existían.

Si le damos más para atrás la situación se pone peor. La mayoría cree que en tiempos coloniales habría sido noble, pero la gran verdad es que nos hubiera ido bien con el solo hecho no de ser esclavos, de anafabetos no nos habríamos librado.

Y todavía más para atrás ni que se diga, como bien lo plantea Yuri en su blog.

Como un día dijo un compa: “ningún monarca europeo del Antiguo Régimen pudo meterse 40 minutos bajo el agua ajustando la temperatura, algo que cualquiera hace hoy con una modesta termoducha de $45, tampoco podía ir al dentista con anestesia o ver en tiempo real ni diferido lo que pasaba más allá de lo que sus ojos abarcaban, nosotros sí”.

Disfruto el pasado sin maldecir el presente, desde ahí trato de construir y esperar un buen futuro.