Laura se va… llena de números y con un vacío en sentimientos

En el antiguo Estadio Nacional el mandatario era despedido con una exquisita silbada de la gradería. Es posible que la vuelta a la cancha se hiciera larguísima al mandatario mientras el pueblo lo ajusticiaba moralmente.

Mañana en el estadio chinito, si la presencia de mandatarios internacionales no inhibe al pueblo, habrá pulmones vacíos y labios secos.

La felicidad y la tristeza son construcciones subjetivas, la presidenta llegó al poder con una altísima expectativa, con un mandato de robusto apoyo; obtuvo casi el doble de votos que el segundo lugar y la expectativa era mucha. 
La ventaja se transformó en desgracia
Para su fortuna le correspondió gobernar con la Asamblea Legislativa más incompetente en control político (denuncia y lucha contra la corrupción) de las últimas décadas (lo que la libró de muchas incomodidades) y luego tuvo el golpe de suerte de disfrutar la cohesión nacional gracias a la invasión de Nicaragua a isla Calero, algo que ningún mandatario disfrutaba -me corrigen si me equivoco- desde 1955. 
Sin embargo su ventaja se volvió su desgracia. La moral nacional le acuerpó para la construcción de una carretera paralela al río San Juan, cuyo beneficio económico para el país era mínimo, pero daba la oportunidad a la población ribereña de no recurrir al malogrado derecho de navergar en aguas ajenas para trasladarse en suelo nacional. Nos daba orgullo.
Pero todo se transformó en vergüenza cuando se destapó el escándalo: la ruta no merecía alusión a don Juanito Mora y a los grandes costarricenses de la campaña 1856, era un homenaje a la política actual -de la que da asco- donde la desgracia de un pueblo es oportunidad de enriquecimiento para unos pocos bien conectados.
Lo demás fue una racha de desaciertos. La eterna platina, la incapacidad de solucionar las listas de espera en la Caja, la sensación de impunidad en las constantes noticias de corrupción, el moralismo religioso, el doble discurso en materia de derechos civiles a las minorías y la fecundación in vitro.
El punto de inmolación fue la defensa de la concesión de la ruta a San Ramón así como su turbio finiquito y el punto de no retorno fue el jet; que curiosamente no lesionó las finanzas públicas pero fue le punto de no retorno en credibilidad, algo que no pudo arreglar con un puente bailey.
Espíritu de geometría vs espíritu de fineza

La comunicación siempre estuvo descalibrada. Constantes anuncios de inversión (“números”) que no satisfacían las necesidades del pueblo (“sentimiento”), presentación de cifras de progreso y otros indicadores (“números”) contra la desconfianza popular (“sentimiento”), hicieron que la expectativa se transformara en frustración (“sentimiento”) que el gobierno se negó a leer y aún hoy sigue con la misma estrategia, viviendo en el frío mundo de los números y despreciando los sentimientos; nada más vean los perfiles y páginas de autoridades y funcionarios de alto nivel, puros números.

Esto se parece a las familias disfuncionales donde el esposo dice que la señora no tiene nada de qué molestarse porque “gasto todo en la casa” (aunque no sea cierto) pero ella quería tiempo, amistad, afecto, etc., es decir esos detalles que generaran confianza (“sentimiento”). 
Cuando ocurría un evento siempre reaccionó tarde, la “parálisis por análisis” le hicieron esperar a que sus fracasados voceros apagaran incendios en los que el pueblo quería verla tomar la manguera, pero cuando aparecía era para enfriar las cenizas y echar la culpa a otros. 
Un gobierno sin figura que frenó el desarrollo de zonas francas con amenazas tributarias y altos costos, espantando a Intel, lo cual ha querido reparar con anuncios de nuevas inversiones que generan más empleos de los que se pierden (otra vez “números”) obviando que al pueblo, incluso al más alejado provinciano, Intel le generaba orgullo y su partida frustración y enojo (“sentimiento”). 
El reto del cambio, no relevo
Ojalá que don Luis Guillermo Solís, que asume todavía con más expectativa que doña Laura, no haga mañana un homenaje inmerecido a la presidenta que no quiso comprender al pueblo que la había elegido. Con un elegante “adiós” es más que suficiente.
Esperemos que don Luis, en el 2018, entregue un país calibrado en números y sentimientos, de lo contrario volveremos a salir por dentro. 
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JulioCordoba

Abogado. Bloguero. Autodidacta de Google y Wikipedia. Subdirector de @Ticoblogger. Desde el año 2006 escribo el blog Ciencia Ficción
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