Al filo del balazo

miedo

miedo

Esto ocurrió ayer a las 4:45 de la tarde.

-¿Me ayuda? Es que me quieren asaltar- me dijo el colegial. No le entendí porque venía escuchando música con los audífonos, me quité uno y reiteró la petición, le pregunté quién -ese mae me viene siguiendo desde la parada, me acaba de decir que en el bolso tiene un arma y que le pusiera ahí mi iPhone ¿Me ayuda? ¿Me puedo sentar a la par suya?-.

Todos los asientos del bus vienen llenos, pero solo como cinco personas están de pie. Estoy en la penúltima fila, la que queda más alta, en el nivel del bus, porque debajo (creo) que está el motor.

El muchacho se sienta en medio, en el suelo, entre los dos asientos aprovechando el desnivel como silla. El sospechoso usa abrigo manga larga que no le puede tapar los brazos llenos de malogrados tatuajes, o talvez un arte que no puedo apreciar. Tiene las cejas rapadas y el gorro de la sudadera puesto. Era la persona más abrigada del bus.

Camina hacia el fondo y los reflejos de los brazos del colegial empiezan a brincar, pero en vez de dirigirse al muchacho va conmigo -¿Dónde queda la parada?- me pregunta -¡Aquí!- le digo con fuerza y mirándolo a los ojos. Me pregunta de nuevo y le respondo igual.

Toca el timbre pero estamos en el semáforo antes de llegar a Mcdonald’s Plaza del Sol, entonces el chofer, ignorando lo que se vive al final del bus, cierra las puertas para que nadie baje antes. El sujeto se altera, quiere bajar por atrás, por lo que este bloguero especula que estamos a punto de ser encañonados y si nos va bien nos despediremos de smartphones y billeteras.

-¿Por qué no me abren la puerta?- me vuelve a preguntar -al cruzar el semáforo le abren- respondo. Está inquieto. Camina hacia la puerta delantera del bus y el chofer ahora sí, talvez con una intuitiva lectura de la escena, percibe que entre los pasajeros va una persona que no es de bien por lo que le abre ambas puertas.

Baja… pero no cierran las puertas, algo que nos haría sentir un poco más seguros -tranquilo mae, ya jaló, no va a pasar nada- le digo esperando que el artista no suba de nuevo.

El muchacho está justificadamente ansioso -estoy preocupado- me dice -es que ese mae subió al bus de Cartago detrás de un compañero mío, seguro lo asaltó o le hizo algo, luego apareció en la parada otra vez y subió conmigo pero hasta ahora lo noto- agregó.

-Su compa está bien, ahora lo llamás- dije para tranquilizar.

En el Automercado baja no sin antes agradecerme “por cuidarlo”.

Pero no lo cuidé. No creo que haya hecho algo protagónico o relevante. Simplemente me solidaricé con quien estaba entendiblemente asustado, pero frente al sujeto yo no tenía mayor posibilidad. No podía tirar los lentes, abrir la camisa y convertirme en Superman. Solo brindar acompañamiento moral.

Ese bus de Calle Vieja no tiene cámaras de seguridad, entonces si hubiera pasado a más el relato habría quedado en manos de sobrevivientes. Dentro de mi subjetividad le agradezco a Dios porque creo que ayer no me tocaba perder patrimonio, salir herido, morir o ser testigo de las mismas maldades en otras personas.

Pero resulta infinitamente triste y desmoralizador que el crimen se pasee con la alta expectativa de ejercer con impunidad.

“La Costa Rica de ayer fue mejor”

Costa Rica antigua

Costa Rica antigua

Es bastante conocida entre los amigos la afición que tengo por la Historia, tanto que no pondría un pie en una clase universitaria como para perderle el gusto (a veces lo que más se disfruta es lo espontáneo, cuando no tiene reglas).

Posiblemente el punto generalizado de mayor cercanía con el pasado está en las fotos. Sin embargo he visto como algunas personas tienden a idealizar las imágenes de ayer pensando que “en esos tiempos” todo mundo era feliz y es expresado con el basureo constante del presente.

Yo no lo creo. Si usted o yo hubiéramos nacido hace 100 años la vida no sería tan sonriente.

Al menos en mi caso -talvez en el suyo la situación sería  mejor- mi abuelo paterno y bisabuelo materno no fueron a la escuela mientras que mi abuelo materno fue alcalde de Orotina y tuvo una oficina de abogacía… pero hay duda si logró terminar la secundaria, era tinterillo en los años que pisar un aula universitaria era lujo reservadísimo para el más alto linaje, su ventaja fue que lo pudieron mandar a la escuela y de adolescente sabía escribir a máquina y le gustaba leer, por lo que ser secretario de un bufete le permitió una modesta movilidad social.

Entonces si yo hubiera nacido un siglo atrás posiblemente no habría ido ni siquiera a la escuela, no sabría leer ni escribir.

Algunos dirán que de todas formas así era el grueso de la población y que “no había materialismo” pero les respondo que no jodan, regalen sus varas y vivan del aire a ver cuánto aguantan.

En casa de mi bisabuelo la tasa de mortalidad infantil fue como del 50% y a la tía abuela que internaron en el Sanatorio Durán no la podían visitar, en parte por la cuarentena, pero también porque ir de Cebadilla de Turrúcares hasta Tierra Blanca en aquel tiempo era como cambiar de país.

Aunque reconozco el estigma de inseguridad en el Limón de hoy, el de ayer talvez no lo habríamos conocido nunca. Solo con mencionar que ahí hubo calle hasta como en los años setenta y si usted se animaba a ir era en tren y si tenía que volver de emergencia debía esperar al pitazo del tren al día siguiente, para iniciar la travesía, o jugársela en avión de papalote.

El Sarapiquí donde yo crecí ahora queda a 50 minutos de San José. Pero en mi infancia había tres rutas: tren (6-8 horas), bus (8-X horas) o avión (20 minutos pero el costo del boleto era un leñazo). La apertura de la Braulio Carrillo (a finales de los ochenta) cambió Río Frío para bien y fue hasta 1999 cuando el asfalto pasó frente a la casa.

En parte también extraño aquella tranquilidad del pueblo cuando los bajonazos, piques y asaltos no eran preocupación, pero eso no invisibiliza las oportunidades de estudiar en Guápiles o San José, de tener universidades en el mismo cantón, de que el viaje a la capital sea de un mismo día y no incluya la logística para quedarse en un hotel (barato) o coordinar el hospedaje con familiares, que ahora sí hay profesionales en el cantón (y del mismo cantón), Palí, super de chino y hasta pizzerías, varas que antes no existían.

Si le damos más para atrás la situación se pone peor. La mayoría cree que en tiempos coloniales habría sido noble, pero la gran verdad es que nos hubiera ido bien con el solo hecho no de ser esclavos, de anafabetos no nos habríamos librado.

Y todavía más para atrás ni que se diga, como bien lo plantea Yuri en su blog.

Como un día dijo un compa: “ningún monarca europeo del Antiguo Régimen pudo meterse 40 minutos bajo el agua ajustando la temperatura, algo que cualquiera hace hoy con una modesta termoducha de $45, tampoco podía ir al dentista con anestesia o ver en tiempo real ni diferido lo que pasaba más allá de lo que sus ojos abarcaban, nosotros sí”.

Disfruto el pasado sin maldecir el presente, desde ahí trato de construir y esperar un buen futuro.

El amor de Rusé

costa rica historia de amor

costa rica historia de amor

Desde que ella llegó a la empresa se sintió atraído, pero dificultades en la vida personal, digamos circunstancias adversas, le impidieron por mucho tiempo tratarla más o invitarla a salir. Asumió con dignidad y discreción las relaciones de su, en secreto, pretendida.

Pasados muchos meses, tantos que normalmente hubieran agotado la esperanza, sintió como Vals empezó a tener más atenciones y miradas que le hicieron sospechar que su oportunidad había llegado.

Pero ella se adelantó mucho -me gustaría ir a la playa, hay tanto que se puede disfrutar allá- le dijo. Basado en el ‘ahora o nunca’ Rusé se llenó de adrenalina, optimismo y testosterona -este fin de semana voy por Herradura, si a usted le sirve…- dijo con verbo sincero aunque poco creativo.

A pesar de que su argumento no era ligador Vals aceptó.

Entró corriendo a la administración y pidió urgente una constancia de salario. Mientras la confeccionaban, ahí mismo, empezó a llamar a las empresas de crédito rápido para garantizar los medios económicos urgentes y necesarios para patrocinar la expedición a las desconocidas tierras del amor.

Hecha la reservación salieron en el primer bus del sábado y entraron en la cabina como a la una, justo después del almuerzo.

Rusé, sintiéndose firme en la conquista, le preguntó, para no ser impúdico, “si dormían un rato para descansar”, una forma a su parecer romántica y elaborada de invitarla a la cama para recuperar todo el tiempo que, según él, ellos merecían disfrutar.

-Tengo una amistad que aprecio mucho y quiero ver- respondió ella -si no tienes inconveniente le dije que estoy aquí, si querés te vas a bañar un rato al mar, caminás por la playa, es que me gustaría estar con él- agregó la muchacha.

Los otros eventos son confusos. Rusé se bronceó mucho. Deambuló por la playa hasta de noche. Lo picaron los zancudos y tomó algunas cervezas. A ciencia exacta se desconoce dónde durmió, la mayoría de los que conocieron del episodio dicen que acompañó al guarda de las cabinas en la vigilia, jugando naipe y conversando de la vida, angustiado por los jadeos asmáticos de su amada y las sombras violentas que sacudían la cortina.

Aunque él también había comprado los tiquetes de vuelta viajó solo, Vals no se presentó.

El mes pasado cerró el ciclo y superó el proceso; ya canceló la última cuota de la deuda del “crédito rápido y sin demora”.

Distancia del fariseo

Demonstrators wear white masks during a symbolic protest in Rio de Janeiro

Demonstrators wear white masks during a symbolic protest in Rio de Janeiro

Él almorzaba en el centro comercial. El área de comidas estaba muy llena a pesar de que eran casi las cuatro de la tarde. Refugiado en el exquisito aislamiento de los audífonos, que le permiten estar y no estar, gracias a su banda de rock favorita.

Llovía con sol, de esos fenómenos que los meterorólogos podrán explicar bien pero para quien no entiende simplemente se disfruta.

De repente algo golpeó el ambiente. La lluvia no mojaba ni el sol resplandecía. Todo se puso entre blanco y negro. La belleza del rato se empezó a esfumar, algo se estaba tragando el día.

Volteó y tres mesas atrás estaba la maldad. Sentada con un desafortunado, que podría ser cómplice o víctima ¿Qué hacer?

Cuando la experiencia es mucha y contundente no hace falta mayores reflexiones: las personas llenas de destrucción pueden hacer que un arcoíris se vuelva gris y atraen para sí y quienes les rodean las mismísimas tinieblas que les brotan desde adentro.

Aunque llevaba su almuerzo a la mitad se puso de pie y se marchó “la he visto hacer mucho mal, con solo estar cerca se destruye la felicidad” pensó. Subió a un taxi y conforme se alejaba el día empezó a retomar color y el aire dejó de estar pesado.

Se sintió aliviado porque no hay persona más dañina sobre la faz de la tierra que aquellas que profesan valores espirituales, leen la Biblia, dicen ser personas de oración, pero -en lugar de simplemente pecar como ocurre con cualquier ser humano- se dedican a delinquir, crear intrigas, dividir familias, hacer triquiñuelas para apropiarse de los bienes ajenos, con la misma tranquilidad que hacen oraciones para tomar ventaja y agarrar a la persona desprevenida.

El Pinto que empacha

jorge luis pinto

jorge luis pinto

Dos o tres semanas atrás me comentaron de buena fuente que la relación Pinto-Seleccionados/Fedefútbol estaba muy mal, que el colombiano no continuaría rumbo a Rusia 2018.

El dato puntual giraba en el trato a los jugadores, pero en la fase de grupos hubo un altercado insostenible y notorio que algunos periodistas deportivos prefirieron no informar para proteger al equipo. Por eso no me atrincheré a favor del entrenador en la conferencia donde vació estiércol en las aspas del abanico.

En todos los temas que quería opinar ya se adelantaron otras plumas de mayor velocidad y los capítulos se van cerrando, pero vale la pena repasar:

Conforme pasaron las horas después de la conferencia de la embarrazón, jugadores y personal se sintieron legitimados para hablar, ya que Pinto señaló primero, en lo que destacó que 1- hay un nocivo patrón de conducta de Pinto que supera la relación de la cancha con los jugadores, documentada internacionalmente 2- su severidad no era parte de la disciplina de entrenamiento, sino que sus explosiones ocurrían por cualquier circunstancia en otros contextos 3- él considera ese estilo como el requisito indispensable para el triunfo.

La sociedad costarricense

Ese tercer punto es el preocupante dado que ahí es donde proliferan proyecciones que exhiben los valores del público. He leído personas que comparan a sus padres con Pinto y dicen que gracias a los golpes recibidos en la niñez hoy son “exitosos” profesionales. Otros que manifiestan que los jugadores son vagos. Que todo se le debe al extimonel. Que de nada valen las relaciones interpersonales. La única burrada que todavía no se ha dicho es que los muchachos no aguantaron porque no tenemos ejército.

Esto es una radiografía social sobre la forma en que las personas tratan a sus subalternos o dependientes y la fantasía con que quieren tratar a los demás si alguna vez ascienden.

A la edad de 20 años trabajé una semana en una institución pública y recuerdo que los profesionales trataban con espectacular desdén a quienes no lo éramos. Palabras como tonto, estúpido, o frases tipo “entre más mueve usted la boca menos hace con las manos, cállese y trabaje” eran normales. Obviamente eso repercutía en la ventanilla porque la violencia es una cadena alimenticia (por eso no volví aunque me ofrecieron renovar el nombramiento).

Quizás 12 años después le conté la experiencia a un muchacho que trabajaba en esa institución y me dijo “a mi me tratan así, pero estoy estudiando y salados los que no se superan, así ha sido siempre”. Para él denigrar era un derecho de los superiores y él quería ser superior. Así de simple.

Triunfo de una sola variable

Creo que debemos ir superando ese paradigma, las organizaciones necesitan humanismo para que las personas crezcan y brinden un buen servicio, de lo contrario cundirán las enfermedades psicosomáticas, malestar general, incapacidades, actos de sabotaje, división y falta de involucramiento.

El primer problema de las relaciones de Pinto es conceptual, como él define disciplina y exigencia, los testimonios son espeluznantes y solo una persona acostumbrada a que lo traten mal podrá justificarlo.

El segundo enredo es de causalidad: para él esa cualidad fue la que hizo la diferencia. No obstante al argumentar en contrario, para equilibrar, encontramos que gran cantidad de seleccionados tenían más roce con equipos y jugadores del olimpo futbolístico que Pinto, pero en fin, tampoco se puede definir si ese fue el factor.

Para mi es una mezcla de muchas variables, como su estrategia de juego (no los gritos), algunos elementos de su equipo de apoyo -como el sociólogo-, y la experiencia de los jugadores en el extranjero que marcaron la diferencia.

¿Se imaginan este Mundial sin Navas? No creo que hubiéramos llegado a segunda ronda.

Tenía que irse

Dado que él se apoderó del triunfo al decir que “su forma de trabajar y exigencia” son fundamentales para los buenos resultados, de regreso al país venía más convencido que nunca de su logro, por lo que rumbo a Rusia la situación iba a explotar.

Pero aquí el chino Li falló porque debió “matarlo de éxito”, dejándolo seguir y que la situación cayera por su propio peso  (cuando los jugadores que insinuaron no continuar cumplieran la amenaza).

Wanchope

Quedó como el malo de la película, aunque no creo que esté mintiendo sobre la conducta de Pinto, sin embargo se la estaría jugando horrible si trata de quedar al mando de la Selección porque dado el inigualable resultado mundialista tiene demasiado margen para perder y muy poco para ganar. Él sabrá qué hace.

Volviendo al inicio

Si usted es de los que justifica las relaciones laborales inaceptables ojalá nunca ascienda hasta que comprenda el valor del humanismo porque el fin no justifica los medios.

#genteque no es feliz ni con el triunfo de #CRC

celebracion seleccion nacional de costa rica san jose

celebracion seleccion nacional de costa rica san jose

“¿Cómo se le ocurre celebrar y hablar de que este es un país de paz si está podrido en corrupción?”

“¿Ambientalismo? ¡No vio como quedó la rotonda de La Hispanidad de sucia!”

“¡Este país está perdido y los políticos nos siguen entreteniendo con fútbol, que de por sí es un negocio, porque la FIFA es corrupta y no quiere a los equipos pequeños!”

Frases así surgen ahora que celebrar a La Sele forma parte del mainstream, ya que lo “natural” es comer de aquella y estar chiva con todo y con todos, deportistas incluidos.

Para este bloguero somos un pueblo muy golpeado, no tanto por la objetiva corrupción, sino por la hiriente percepción que tenemos de que el delincuente de cuello blanco tiene garantizada la impunidad.

Pero de eso a hacer la vida de uno un estandarte a la protesta y homenaje a la infelicidad hay una gran distancia, porque eso sería ser bestia. Si usted confunde a La Selección con un partido político porque los políticos tratan de instrumentalizar sus triunfos, está fregado.

De seguro si La Sele hubiera perdido los tres partidos serías muy feliz porque es mejor ver noticias de sucesos que gritar gol.

Y sí, hay gente irresponsable que está comprando lo que no puede pagar y está viajando con dinero prestado… pero este bloguero no fía a nadie y sigue yendo a la casa de un amigo que tiene un gran tele y buen ambiente a ver los partidos y luego va un rato a la Hispanidad a celebrar sanamente, ergo no sufro ni me endeudo. Si usted fía: salado.

La basura en la Hispanidad no representa un desastre ambiental, son desechos que no fueron colocados en el recipiente apropiado (de eso no hay duda), pero no están cayendo en el río Grande de Tárcoles, obviamente las celebraciones de equitación o del campeonato de ajedrez son más serenas, pero reclámele a la cigüeña por dejarlo caer aquí y no en Suecia.

A todos nos sirve que este país del que pocos saben que existe más allá de Centroamérica -dolorosa verdad- sea hoy el equipo de fútbol más popular del mundo -una feliz verdad-, porque junto a eso viene turismo e inversión -lo cual debería alegrarle partiendo del supuesto que usted trabaja-.

Faltan menos de 15 días para que el Mundial acabe. No sea tieso. Talvez sus emociones favoritas sean las correspondientes a la depresión y el enojo, pero regálese el chance de sentir la adrenalina y la felicidad; es gratis y le va a a hacer bueno.

Italia 90: la película, 24 años después.

seleccion nacional de costa rica italia 90

1990

“He ido cinco veces al baño” dijo don Pilo Obando desde Génova justo antes de que La Selección Nacional pisara el césped del estadio Luigi Ferraris para medirse ante Escocia. Vecinos y compañeros de trabajo de mi papá estábamos en la sala, mi hermana y yo sentados en dos banquitos frente al tele, ninguno psicosomatizando como el legendario narrador pero en el ambiente se sentía el miedo a perder y de forma humillante.

105 minutos después el país era otro y nosotros hicimos una caravana por Finca 6 de Río Frío de Sarapiquí para celebrar a un equipo que conquistó el escenario menos probable y escribió con letras de oro una página de la historia que supera lo deportivo y está en el orgulloso ADN nacional.

2014 

Ayer hizo 24 años después. En medio hubo tres mundiales sin sudor blanco, azul y rojo en la cancha (94, 98 y 2010) y dos sin gloria (2002 y 2006).

Ahora estamos en octavos de final faltando un partido de primera fase, no dependemos de resultados ajenos, no sentimos que sea suerte, se jugó como nunca y soñamos con más. Estábamos en la Fuente de la Hispanidad celebrando que el “grupo de la muerte” significó la muerte para otros y era obligatorio cerrar el ciclo reviviendo el ciclo: la pantalla grande nos estaba esperando.

La película

itaia 90 la pelicula costa rica seleccion nacional

Entre el césped del estadio genovés y la clasificación a Italia 90 hay muchas páginas en blanco, borrosas y erosionadas. El cineasta costarricense Miguel Gómez escribe la menos conocida y posible de acceder: lo que vivieron algunos futbolistas de aquella selección prácticamente amateur que clasificó dejando los pelos en el alambre y ahora tenían la presión de, al menos, perder con dignidad.

El punto de encuentro entre el cine y la historia

En una polémica jugada la Federación Costarricense de Fútbol echó -así de feo- al entrenador que nos clasificó y trajo el místico Bora Milutinovic para reinventar al equipo.

Luis Montalbert-Smith se encargó de representar (con exquisita naturalidad y credibilidad) al yoda serbio que logró lo imposible con La Selección: vivir en pocas semanas un proceso de coraje y autoestima para redescubrirse transformados en ganadores, dignos de competir al más alto nivel y sentir la gloria.

Para este bloguero Italia 90: La Película es una historia de superación personal y organizacional, de transformación de convicciones, de dejar de verse como menos usando como referente a los otros y al pasado, ingresando en una dimensión de cambio de punto de vista, de presente empoderado, que abre la posibilidad de construir un gran futuro.

Eso fue lo que me gustó de la película: no es supercampeones ni un documental, es un viaje por el mundo interior de Gabelo Conejo (Carlos Pardo), Claudio Jara (Daniel Ross) y Roger Flores (Fernando Bolaños) quienes dan vida a ese upgrade mental -vivido por el grupo- del cual Bora más que técnico fue maestro.

Limitaciones vs creatividad:

Boris Sosa interpreta a German Chavarría

Boris Sosa interpreta a German Chavarría

Como toda película nacional es notorio el presupuesto limitado, sin embargo considero que logra el cometido de hacernos sentir que se está en 1990 (televisores, vehículos, cámaras de foto, walkman, etc.), pero hay dos sensaciones que son las que más admiro: el simple truco de iluminación de la cancha que permite superar la imposibilidad económica de convocar a una gradería llena, pero que coloca al espectador en el zacate, sintiéndose parte del equipo. La otra fue la estancia en Italia, de verdad uno olvida que fue filmada en San José, sentís que estás allá. Estas tres variables son los golazos de Miguel, al punto que el efecto especial de las montañas nevadas se lo pudo haber economizado.

Lo que no salió tan bien como se pudo fue el audio. Algo salió mal pero no desbarata la cinta. Hubo escenas donde subir el volumen hubiera sacado más del mundo emocional de quienes estábamos en las butacas, un par donde el diálogo principal fue opacado con los de fondo y una conversación del Chunche en el avión, que se escucha bien, pero algo le pasa al sonido y, al menos, el público que ve la cinta concentradísimo -como yo- se sale un toque de la hipnosis.

Además hubiera sido grato que el Chunche (Olger González) y German Chavarría (Boris Sosa) participaran más en el proceso de cambio mental de grupo, el primero porque es un ícono nacional y en la cinta no supera el chistoso estereotipo y al segundo porque quien lo interpretó da para muchísimo más (en la cinta que sigue podría ser Bryan Ruiz).

¿Para quién es la cinta? 

Esa es mi duda. No sé ni puedo saber cómo viven la película quienes eran muy niños o no habían nacido para la época. Me pregunto cómo la entienden, qué lectura le dan, si saben lo que significó Bora o lo que este pueblo sufrió con la bajada del avión a Evaristo Coronado y Enrique Díaz. Yo estaba en sexto grado en 1990, sí supe lo que se sintió y tenía una buena base para apreciar la cinta.

Vaya véala, ojalá antes del partido de octavos de final, si a Miguel Gómez le va bien con la harina va a tener mejor presupuesto para Brasil 2014: La Película, que espero veamos en cuatro años y que nos cuente qué pasó con La Sele a la que este bloguero espera ver en cuartos de final.

¿No le gusta el servicio de @movistar_cr? La empresa es clara: ¡Reme!

Movistar Costa Rica

En este tuco de tercer mundo falta sinceridad y por eso debo felicitar a Movistar que invitó a un usuario quejoso a largarse. Y no me malentienda, el usuario tiene razón, él está pagando por un servicio del que no recibe ni el 20% de lo contratado, tal como lo reporta El Chamuko, pero la empresa no se anda por las ramas de “vamos a averiguar”, “eso nunca pasa”, “revise su teléfono”, “seguro estás en área de difícil cobertura”, no, la instrucción es clara ¡Reme!

Ojalá que las empresas a las que no les interesan sus clientes fueran así. Apenas el sábado pasado cuatro amigos nos reunimos a ver el partido de La Sele y les conté del anuncio de los repartidores de Pizza Hut cantando su versión del que fuera nuestro himno de batalla en Italia 90. Entonces hicimos el pedido y el muchacho de la moto llegó en el segundo gol, celebramos con él y nadie revisó lo que mandaron. Bajada la euforia, al rato, abrimos la caja y lo que había era una chancleta de árabe de los que hacen romería en el desierto: quemadititica.

Les hicimos la observación por Twitter y Facebook, y hasta el momento no me han respondido nada. La única fue una muchacha de una agencia de publicidad  -no sé si maneja la cuenta- que me dijo que cuando hay partidos aumenta la demanda y las pizzas salen así, en otras palabras que no es nada.

A mi me gustaría que Pizza Hut me dijera “nuestra pizza sabe cada vez más fea y por eso la vendemos más barata, si no le cuadra compre en otro lado ¡Reme!” y uno acepta y hasta agradece esa sinceridad.

Si el mercado (personas comprándole y vendiéndole a otras personas) se tornara tan sincero uno podría tener información más fiable de a quien le compra y a quien no, incluso uno puede aceptar naufragar (no navegar) con Movistar o comerse la leña que manda Pizza Hut cuando hay alta demanda y la calidad cae más.

En serio Movistar: así se hace. Que Claro y kölbi ofrezcan más cariñito y así el mercado tiene opciones para masoquistas y gente que se quiere un poquito.

Las dos veces que no conocí a don Beto Cañas

Don Beto. Foto Nación.

El sábado don Beto Cañas partió y de inmediato los medios sociales y tradicionales iniciaron un recorrido cargado de imágenes y reacciones, la mayoría políticamente correctas, otras muy afectivas -naturalmente de quienes lo conocieron- y hasta el momento no he encontrado una crítica ácida, lo cual me parece elegante por respeto a la memoria y el momento.

Por los comentarios y fotos me da la sensación que soy la única persona que no fui su alumno, no estuve en alguna de sus conferencias, ni llegué a estrechar su mano, por lo que carezco de foto o anécdota, pero aún así les voy a contar un par de historias:

El significado de una palabra

La primera surge como en el año 2002 cuando un grupo de chiquillos queríamos visitarlo para solicitarle que nos ayudara con el procedimiento para incluir una acepción a una palabra en el Diccionario de la Real Academia, ya que él era director de la Academia Costarricense de la Lengua.

La exalumna de don Beto encargada de contactarlo, hasta donde sé, no hizo el mandado y la reunión quedó en nada. Yo me había asesorado con un lingüísta para echarme la hablada del milenio y conseguir el aval de Cañas. Dicho sea de paso, con el transcurrir de doce calendarios, me alegra que la gestión ni siquiera arrancara porque con el tiempo me di cuenta que estaba equivocado.

El ADN de la historia

La segunda vez que no lo conocí está relacionada con una serie de posts escritos en el 2009 que llamé “Lo que no enseñan de Juan Santamaría”, que a su vez derivó en un pdf llamado “Juan Santamaría: estatua, feriado y leyenda” que, cuando mi cabello esté totalmente blanco (diría que en cinco años al ritmo que va) podría convertirse en un pequeñito libro para atizar las hogueras y linajes (¿aún?) en disputa por el fusilamiento o asesinato de don Juanito Mora y el General Cañas en Puntarenas, el 2 de octubre de 1860. Don Beto era bisnieto del General y en una conferencia a la que tuve acceso -por escrito- compartió datos poco conocidos.

Alguien que leyó los posts me dijo “vos que sos morista tenés que conocer a don Beto y a don Armando, prepate y me avisás”, yo nunca avisé, porque no quería irrespetar a un adulto mayor con mi interpretación/teoría/conspiración en la que apellidos fundadores de las instituciones nacionales se veían encontrados, cuyo punto político más reciente y violento fue cuando él, como presidente de la Asamblea Legislativa, bajó el retrato de Tinoco del Salón de Expresidentes, en 1994. De hecho solo la palabra “expresidente” seguida del apellido “Tinoco” desataba la polémica.

Integral

Don Beto sabía mucho, tanto por lo que había vivido como por lo que había leído, que plasmó en conferencias, libros, entrevistas, clases etc. Quienes me conocen saben que no me gusta tomarme fotos con personajes de la vida pública, para mi lo más valioso está en conocer el pensamiento influyente, creador y elaborado cuyo sustrato es una personalidad que deja huella.

Eso es lo que me hubiera gustado pero seguro no se habría podido: sentarme más de una vez, ganar un espacio en su confianza para darle más forma a la pincelada que apenas tengo de nuestra historia.

En lo político posiblemente yo no habría sido grato, porque su visión verticalísima choca (en presente porque su legado perdurará siempre) con mis convicciones ideológicas, pero solo quienes le conocieron sabrán si era tan bravo como se veía por tele.

Paz a don Beto: una vida bien vivida.

Foto Nación.

Ver la luz al otro lado del túnel

TOPE DE TUNELES
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Haciendo fila para el tren con @H3dicho, al fondo la máquina.

Objetivamente es ponerse botas, casco y chaleco, subir al vagón de un tren de baterías, entrar kilómetro y medio en un túnel de cinco metros de diámetro, bajar, caminar 400 o 500 metros, esperar a que la máquina rozadora uniera los dos frentes, presenciar la ceremonia y tres horas después salir por el mismo camino por el que entramos.

Pero mis amigos me han dicho que eso sale en las noticias, que la duda es cómo se siente estar ahí… entonces les cuento lo que yo viví:

Subjetivamente fue así

Como parte de Ticoblogger fui invitado, junto a otros usuarios de medios sociales, al “tope de túneles”, concepto de la jerga tunelera para definir la unión de los dos frentes que desarrollan la obra. Al llegar nos dieron casco (por lo que cayera del techo), chaleco (para ver a los demás y que a uno lo vean), tapones para los oídos (por el ruido de la máquina) y mascarilla (por el polvo que genera la excavación).

Lo único que sabía de túneles eran tres cosas: que la familia de mi esposa ha trabajado en esa labor, que uno de ellos vivió la terrorífica experiencia de estar en lo más profundo del túnel, en Cariblanco, durante el terremoto de Cinchona (cerquísima del epicentro) y que, en ese mismo proyecto, una vez se dio un derrumbe con la trágica pérdida del tunelero que rescató a los atrapados.

Tramos del túnel están inundados (Vía @vann24)

Tramos del túnel están inundados (Vía @vann24)

Como sarapiqueño he pasado por el Zurquí un millón de veces pero cuando un accidente o derrumbe hace que uno se quede haciendo fila dentro del túnel muchas personas la pasan mal y algunas peor.

Viaje en tren

El viaje en tren es único. La pulseé para ir en la máquina pero no me lo autorizaron, me fui en el pequeñito vagón apreciando suelo, paredes y techo, aunque en partes del trayecto el agua cubre el piso por lo que no se ve la vía. Además el movimiento del agua hace que las piedritas suban en los rieles por lo que se sienten los golpecitos que, según me comentó el maquinista después, a menudo producen que se descarrile. Hay filtraciones de agua en el techo y paredes que son como pequeñas cascadas. Una empleada del ICE nos dijo “aquí no hay que preocuparse si tiembla porque la estructura aguanta, los derrumbes se dan a la salida y nada más hay que esperar a que nos saquen”. “Ah bueno…” dije para mis adentros.

Arribo

Se acabó la línea férrea, bajamos y desde una tarima nos dieron la bienvenida e indicaciones para dirigirnos a pie, 400 o 500 metros más, hasta el punto de encuentro. Un tunelero me contó que estábamos 450 metros bajo la montaña y que a 50 metros a la derecha está el túnel original de los años sesenta, lleno de agua. El lugar es húmedo, caliente y las botas de hule -que según yo no eran necesarias porque llevaba zapato de montaña- sacaron la tarea: no hubo gota de agua que me tocara las medias.

Tuneleros que venían del otro lado (vía @jvliorivera)

Tuneleros que venían del otro lado (vía @jvliorivera)

Al rato tuve que devolverme por una de las manzanas que tenían de refrigerio (los 400 o 500 metros) y de regreso, cuando estaba como a 30 o 50 metros vi que los empleados se ponían los tapones en los oídos y la mascarilla, saqué el teléfono y me di cuenta que no iba a llegar a la primera línea antes de que unieran túneles…

Encuentro 

Cámara en mano pude apreciar cuando se hizo el orificio y la luz al otro lado del túnel, sin embargo en cuestión de segundo el polvo hizo imposible ver más, apenas tuve chance de medio percibir al primer tunelero salir y saludar, luego fue la nube y el ruido. En ese momento sí me preocupé -objetivamente- porque desde inicio de este año he tenido reacciones alérgicas y tanto sedimento en un lugar cerrado me hicieron sentirme vulnerable, pero más adelante les cuento de eso.

La ceremonia

Julio Córdoba

A pocos segundos de la nube de polvo me tomé “el último selfie”.

No sé cuántas personas éramos, unos dicen que 200 otros que 300, pero para mi el momento épico llegó cuando los tuneleros se pusieron firmes para cantar el Himno al ICE. Uno de ellos lo entonó con los ojos cerrados y pude sentir la vivencia de quienes han dejado sudor, uñas, golpes, raspones y cortadas en cada tramo de los seis kilómetros de la obra. Estas personas son de los pocos que quedan de esa generación muy identificada con el servicio público, cuyo nombre no estará en ninguna placa u homenaje, pero su espíritu rozará cada metro cúbico de agua que pase por ese túnel cuando genere electricidad.

Vulnerabilidad 

La sensación de estar en un lugar tan inesperado es de vulnerabilidad. Sentir que uno puede hacer poco o nada en caso de un imprevisto.  A algunos de los visitantes les pregunté si tenían miedo y todos dijeron que no -respuesta socialmente correcta-, entonces cambié la pregunta para hackear el secreto -¿Qué le preocupa de estar aquí?- cuestioné y ahí sí dieron rienda suelta a sus temores: “que se desprenda una roca del techo”, “que tiemble” “quedar atrapados”, “quedar a oscuras”, “que pase algo y perderse escapando por el túnel que no es”, todas preocupaciones muy válidas y humanas.

A la vuelta

A la salida volví a pulsear el viaje en la máquina y esta vez me dieron visto bueno, aunque el maquinista, con amabilidad, no
me permitió manejarla un rato ni tocar botón alguno. No era peligroso pero reglas son reglas.

julio córdoba tren

El viaje de vuelta lo hice en la locomotora. 

Agradecimiento

Agradezco a la Dirección de Comunicación del ICE, en especial a la periodista Isabel Zúñiga, por invitarme “al corazón de la montaña” a vivir lo que ninguna crónica puede hacer sentir y experimentar una vivencia irrepetible.